El Ateneo J B Alberdi, representado por José Canseco y Lidia Guerci, estuvo presente en el brindis celebrado por la Defensoría del Pueblo de V López .
sábado, 14 de diciembre de 2019
Deserción de diputados
El abandono del bloque de Cambiemos por parte de tres
diputados, Beatriz Avila,Pablo Ansaloni y Antonio Carambia actualiza la actitud
de algunos legisladores en cuanto a considerar su banca como una propiedad
privada.
Inclusive este repudiable proceder originó un curioso
neologismo: “borocotización” en referencia al diputado Eduardo Lorenzo cuyo
apodo recordaba al de su padre, periodista deportivo, cuyo acercamiento al
kirchnerismo generó la reacción del PRO.
En aquellos sistemas de elección legislativa uninominal o
por circunscripción la situación puede ser diferente pero con la utilización de
listas “sábana” la banca no es una propiedad del elegido, es un logro del
trabajo de anónimos afiliados de un partido y de ciudadanos que han votado un programa para que sus
representantes trabajen en su cumplimiento.
Estas muestras de deslealtad y falta de respeto hacia los
votantes debieran ser erradicadas de una vez y para siempre.
lunes, 2 de diciembre de 2019
LA ARGENTINA QUE VIENE
Mauricio
Macri recibió una “pesada herencia” luego de doce años de gobierno K. Ahora la
“pesada herencia” (agravada) cae sobre Alberto Fernández. El nuevo presidente
no habrá de cometer el error del anterior al no exponer la gravedad de la
situación: ante cada tropiezo o dificultad no perderá un minuto en cargar las
culpas sobre la anterior gestión, con razón o sin ella.
En lo
referente a la economía se ha hecho pública la intención de “poner plata en el
bolsillo de la gente” y volcar crédito para la reactivación de la PYMES.
No se
anunciado oficialmente un plan económico pero igualmente es posible elaborar un
análisis de situación.
Hay varios
caminos para alcanzar aquellos objetivos:
Uno consiste
en disminuir la presión tributaria y liberar recursos destinados a incrementar
el consumo. Esta vía puede descartarse si se tiene en cuenta el déficit
creciente de las cuentas públicas y no sería impensado un aumento de aquella.
Otro radica
en un incremento de la inversión privada, local o del exterior, que permita
crear nuevas fuentes y oportunidades de trabajo genuino liberando al Estado de
incrementar el gasto en planes sociales. Objetivo difícil: la economía
argentina carece de un componente indispensable como la confianza, perdida
luego de innumerables confiscaciones, cepos o bonificaciones forzadas.
Además, sin
una flexibilización laboral es improbable que un empresario esté dispuesto a
tomar personal cuando actualmente un juicio laboral desfavorable puede provocar
el cierre de una pequeña empresa. Si una de las bases de apoyo del nuevo
gobierno es el sector sindical se puede descartar cualquier cambio en las
condiciones de trabajo, a pesar de la evidencia internacional que muestra que a
menor rigidez la desocupación disminuye, tal el caso de Estados Unidos.
De otra
parte, con un sistema monetario quebrado y en un contexto de alta inflación,
solamente sería posible generar crédito barato mediante un subsidio aumentando
la presión sobre los ya sufridos contribuyentes.
Debido a la
recurrente escasez de dólares y con
compromisos de pagos de la deuda externa cuya resolución está todavía lejana es
de suponer que el control de cambio ha venido para quedarse; así es posible
evitar la salida de divisas pero al costo de una caída en el ingreso de las
mismas. Ningún inversor traerá dólares si después le es muy dificultoso remitir
ganancias al exterior.
Todo lo
anterior configura un panorama desalentador para cumplir con el objetivo enunciado
al comienzo.
Tal parece
que la única alternativa, como en tantas otras veces, es la emisión monetaria transitando un angosto
sendero que orille la hiperinflación. La única herramienta propuesta hasta
ahora es un acuerdo económico-social entre sindicatos y el sector empresarial
ya ensayado en otras oportunidades y cuyo éxito es efímero excepto que
solamente sirva como apoyo de una reforma estructural de toda la economía. La
“brecha” entre dólar oficial y el llamado paralelo es un indicador a tener en
cuenta sobre el éxito de aquellas medidas habida cuenta de la escasa
confiabilidad de las cifras oficiales durante el anterior período kirchnerista.
En lo
referente a política interna cabe
esperar un retroceso en los procesos judiciales abiertos en causas sobre
corrupción y delitos económicos por no estimar su extinción si en ellos está
involucrada nada menos que la vicepresidente de la Nación.
No será
fácil, para un presidente sin poder propio, controlar el revanchismo latente en
los sectores ultrakirchneristas encarnados en Grabois, Zannini, DElía o tantos
otros que jamás aceptaron que, en el marco de la democracia, un presidente no
peronista llegara al poder.
Tampoco le
será sencillo renegociar una deuda externa cercana al cien por ciento del PBI
con imposición de ajustes políticamente inaceptables para el pensamiento
progresista ni establecer una relación armoniosa con el Brasil, cuyo propósito
es abrirse a otros mercados fuera del Mercosur lo que entra en colisión con la
estrategia ya anunciada de proteger el mercado interno; al margen de conocidas
diferencias personales entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro.
Todo lo
expuesto condiciona, de hacerse realidad, un panorama por lo menos
complejo y que exigirá de nuestra parte
una atenta vigilancia, conservando absoluta
objetividad pero sin un paso atrás en la defensa de la libertad, las
instituciones y la democracia representativa.
domingo, 20 de octubre de 2019
lunes, 14 de octubre de 2019
LAS INSTITUCIONES
El libro “Por qué fracasan los países” plantea una hipótesis
interesante. El fracaso o el éxito de un país no depende ni de su geografía, de
sus recursos naturales, su población o su raza o religión.
Depende de la calidad de sus instituciones.
Siguiendo esta línea es pertinente analizar varias de las instituciones
que pueden determinar en su funcionamiento que Argentina abandone décadas de
frustración y retraso.
Solamente una mirada a los niveles de pobreza crecientes en las últimas
décadas así lo requiere.
Ser pobre no es solamente no poder adquirir una canasta básica de
alimentos, significa una marginación en muchos aspectos: carencia de una
educación siquiera básica, una vivienda digna, servicios de agua potable y
cloacas y, por cierto, la imposibilidad de contar con un trabajo estable y no
depender de ocupaciones ocasionales o de dádivas del narcotráfico.
Frente a una estimación de la pobreza que está en torno del 35 % todo
hace pensar que podría aumentar en un futuro no muy lejano; el problema no se
resuelve incrementando planes sociales, el único camino para su reducción está
en la generación de empleo privado y genuino. Cualquier otro intento de
solución está destinado al fracaso.
De ahí la importancia de contar con instituciones que permitan lo
anterior, con la finalidad de fomentar inversiones ya sea del exterior o de los
mismos argentinos.
Una institución indispensable en este sentido es un marco jurídico que
garantice la seguridad en el cumplimiento de las normas y el respeto por la
propiedad privada. El ciudadano argentino está cansado de que los gobiernos le
metan la mano al bolsillo: le canjeen los pesos depositados por bonos, le
pesifiquen los depósitos en dólares o
sus ahorros queden secuestrados dentro de un corralón o un corralito. Por esto,
no es de extrañar que el sobrante de pesos que alguien pueda tener lo utilice
para comprar dólares que, en una caja de seguridad o donde sea quedan fuera del
circuito financiero.
Otra institución en vías de desaparición es la moneda. La emisión sin
control para financiar un déficit estatal cada vez mayor ha generado aquella:
un peso de hoy es la diezbillonésima parte del antiguo peso moneda nacional
(¡trece ceros !) En La Nación del 29 de septiembre pasado se da cuenta de un
ejemplo que sería cómico si no fuera trágico: Si hoy regresara al país un
distraído nonagenario que lo hubiera visitado en 1946 y trajera la moneda de 20
centavos que le había permitido tomar un café, alguien le podría hacer el
cálculo de que hoy necesitaría 250 millones de camiones cargados con 20
toneladas cada uno con esas monedas, si se hubieran mantenido en circulación.
Puestos uno detrás de otro la fila de camiones daría 25 vueltas al ecuador
terrestre.
Por lo anterior la Argentina tiene una tasa de ahorro en relación al
PBI solo comparable a un país subdesarrollado. Sin ahorro no hay inversión y
sin inversión no hay generación de trabajo genuino.
Asimismo es necesaria una modificación de una estructura laboral rígida
y obsoleta de la cual se benefician, en primer lugar, dirigentes sindicales
muchos de ellos corruptos y de prácticas mafiosas, como se ha visto con el
dirigente Medina de la UOCRA, sin cuya connivencia no era posible iniciar una
obra en la ciudad de La Plata.
Aquellos que tienen un trabajo en blanco gozan de sus beneficios pero
quienes lo buscan encuentran enormes dificultades porque cualquier empleador
prefiere, en lo posible, evitar contratar más personal si puede encontrar otra
solución otorgando horas extras o
inclusive apelando al trabajo en negro. Lo anterior es consecuencia de pesadas
cargas laborales y la llamada “industria del juicio” por la cual abogados
inescrupulosos elaboran demandas extravagantes y muchas veces el empleador debe
hacerse cargo de las costas resultantes aun cuando gane el juicio. Aquellos
países que han flexibilizado las normas y los contratos de trabajo exhiben,
paradójicamente las menores tasas de desocupación.
Si las instituciones mencionadas no sufren los cambios o modificaciones
para un funcionamiento diferente difícilmente Argentina pueda encontrar un
camino de progreso y salga del atraso y estancamiento en que se encuentra.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
